En
cuanto llego a la capital, solo pensaba en llegar a la casa, tomar el teléfono
y utilizar la servilleta que con gran recelo había guardado, lo que él no
sabía, es que en el momento en el que anoto el número su cerebro enamorado
captó de manera errónea la información y los números se distorsionaron entre el momento en que los labios de Red
soltaron aire que se convirtió en palabras y el momento en que los oídos atestados
de agua de piscina recibieron la información.
Al
llegar a casa uno por uno apretó los números en el teléfono que había escrito
en la servilleta y con el corazón palpitando a mil, consternado escucho como el
sonido de número errado sonaba constantemente. Pensó ¿Qué debo hacer?, pondré
afiches en cada poste buscando al amor de mi vida, o haré algo mejor buscare
por todo el barrio donde dijo que vivía, no sería tan difícil encontrarlo, (para
esa época el pobre Andrés creía que la ciudad donde vivía era algo pequeña y
que la gente se encontraba con tan solo pasear por las calles del barrio),
desconsolado y sin saber realmente que hacer, miró al cielo y pensó que si debían
estar juntos el universo tal vez conspiraría por segunda vez para que ellos se
volvieran a reencontrar. El universo se tarda pero cuando ejecuta las líneas
escritas en el libro de la vida hace que esos momentos de espera realmente
valgan la pena y te llegue la felicidad sin importar cuanto pueda durar,
simplemente hay que atesorar cada pequeño momento y disfrutarlo al máximo.
Esa
noche mientras terminaba un diseño de una casa para su clase de construcción
recibió una llamada, esa voz era inconfundible, Red estaba al teléfono y quería
saludar al chico de la piscina, la cara de felicidad no puedo ser evitada y sus
ojos brillaban con tal luz que eran capas de segar a cualquiera que intentara
mirarlo.