Odio
cuando en la historia soy la persona que no logra corresponder a la otra
persona, cuando soy el amigo del que se enamoran y él que no tiene ojos si no
de amistad para las otras personas.
Si no
conocen el carnaval de Barranquilla, pues les comento que se están perdiendo
algo majestuoso, una de las mejores fiestas colombianas y su gente siempre cálida
y presta a colaborar, eso sí, como en todas partes, si descubren que eres foráneo
te comienzan a cobrar al 150% todo lo que pidas o cualquier servicio prestado.
Todo empezó una calurosa tarde del sábado cuando mi vuelo arribo en la ciudad
de Santa Marta, mi amigo el samario muy amablemente me llevo a la playa me vio
nadar, me cuido la maleta mientras el agua salada me curtía la piel y el sol le
daba color al cuerpo blancuzco digno de un habitante de las montañas , teníamos
planes de ir a carnavales con más personas pero al final solo quedamos los dos,
los demás se perdieron en sus ocupaciones, así que abordamos un bus rumbo a
Barranquilla, hablamos con dos australianas un rato y les enseñamos como llegar
a la mejor rumba del país, él que no tenía donde hospedarse decidió dar un paso
atrás a su orgullo y llamar a un viejo amante, yo prometí que si el amante me
gustaba pues fácilmente yo me sacrificaba a pagar la estadía en especie así que
no se preocupará ; no me quiero excusar pero a ese viaje iba con el firme propósito
de desquitarme de todo, iba a sacar a esa persona encantadora que busca como
lola, sola por Barcelona buscando follón.
Llegamos
a la casa de JM y en realidad era de esas personas que con la sonrisa te
embruja y con la mirada te desnuda, nos alistamos y nos fuimos a bailar, tragos
vienen, tragos van, el reggaetón no pudo faltar y subir la calentura, JM me
tomó de la mano y me llevó fuera del bar con la excusa de comprar unos
cigarrillos, hablamos, reímos, una
poesía fue dedicada y mientras leía viceversa de Mario Benedetti un beso
enmarco nuestra noche y en la distancia mi amigo samario veía con desagrado lo
que estaba pasando, al cerrar el club nos dirigimos con un amigo más (J) a comprar
más trago y seguir la rumba en la calle cuando mi amigo samario empezó a
ofender, gritar y golpear a J, ofendido
por lo que estaba pasando y por el bochorno producido por tal acto los convencí
de dejar solo al demente y entramos a un sitio a comprar el licor, al salir ya
no se encontraba y en mi celular un mensaje que me recriminaba por dejarlo
solo, pero para pelear se necesitan dos o más y el estar solo era el castigo
que se merecía por cafre.
No
recuerdo en que momento J también empezó a coquetearme, y allí empezó la
encrucijada con cuál de los dos me debía quedar, pues eran amores de carnaval
pero igual tenía que decidirme, como toda mi vida el destino siempre me arregla
las cosas y en la mitad de una cama en una habitación con 5 personas, tenía por
un lado a J dándome besos y a JM cogiéndome las nalgas, obviamente ninguno de
los dos sabía lo que estaba pasando con el otro, una hora después, cuando todos
estaban durmiendo, dos amantes furtivos en puntas de pie caminaron hasta el
baño que se encontraba en el mismo cuarto y consumaron su deseo con pasión y
desenfreno, la ducha fría expiaba las culpas después del desorden cuando
escuche voces afuera del baño, con valentía y poca vergüenza salí y en la cama
J me miraba con decepción a lo cual me dijo “Eres un descarado cachaco”, sonreí
y le dije: ¿acaso no es una costumbre en la costa ducharse con el anfitrión?.
Creo
que mi descaro no hizo mella en la relación con J y mientras convencíamos a
todos de ir a un desfile que se llama la gran parada, a lo que alguien me
pregunto: ¿Pero cómo, luego no la conociste esta mañana? Reímos y continuamos nuestro
camino a una nueva fiesta llena de color, alegría y romance.
En
cuanto al samario, una vez se le quito el guayabo escribió para disculparse
pero de nada sirve romper un papel y luego pedirle disculpas a este, puesto que
el papel jamás regresara a su estado original con una disculpa.
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