Las
grandes cosas inician con días normales, días que son iguales a los
anteriores, que son interminables y solo te restan horas de la vida.
Ese
día tan corriente e insoportablemente aburrido, un simple hola y una
gran sonrisa hicieron lo que muchos habían intentado hacer en el día y
que sólo él pudo hacer, levantarme de la cama, tomar una ducha y
alistarme para ir al encuentro de esa persona, que sin percatarme poco a
poco me iría robando el corazón.
Media
hora, mordiscos pequeños a lo que iba a ser mi cena y una mirada
constante al teléfono celular, hicieron que la espera se tornará
interminable, luego un parpadeo en la pantalla de mi celular iluminó mi
mirada y un pensamiento vago se ahogó en ese instante “No mintió sí vino
al encuentro”.
Las cámaras web engañan y en esta ocasión sí que lo hizo ver diferente, pero aun así me parecio simpático desde el inicio y porque no decirlo fue un amor a primera vista, pero a mi edad se debe ser muy precavido y no demostrar nada. “El que muestra el hambre no come”, él menudo, no muy alto, con ojos grandes en los que te perdías en su inmensidad y te hacían sentir en la vasto universo para solo ser atraído nuevamente a la realidad por su grande y hermosa sonrisa que hacia tus momentos más dulces. Esa noche disfrute de una buena compañía y de una película regular que a su lado fue mejorando poco a poco.
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