Bien dice un amigo, nadie sabe para quién se
baña, y es tal vez la mayor de las frases que he escuchado en mucho tiempo,
para algunos será tonta y sosa, pero para mí, es la realidad; luego de ver como
infructuosamente intentaba conquistar a la persona que para mí era tal vez una
de esas que solo se ven cada 10 años y descubrir que el interés se había terminado
por completo, decidí armarme de valor y continuar con mi existencia como venía
antes de recibir ese mensaje de Facebook con el que comenzó todo este embrollo
de ires y venires, textos y lecturas de whatsapp, llamadas en la noche
solicitando disculpas para luego desaparecer el resto de días sin explicación
alguna, desplantes a los que intentaba excusarlo y tener paciencia, pero la
resignación estaba torturando mi alma y abrazando mi corazón hasta impedir que
las palpitaciones se sintieran. La tristeza me inundo y la amargura se hizo
presente, aquellos ojos que brillaron por una ilusión, opacos esperaban que la
pantalla del celular brillara mostrando su nombre, pero eso no sucedió.
Cumplir el último día del año para algunos es
jarto, pero para mí es lo máximo, tengo múltiples celebraciones de cumpleaños y
regalos no pueden faltar, 4 días antes de esté día, salí con mis amigos a la
celebración gay, porque mis cumpleaños tiene fiesta gay y luego la fiesta
heterosexual, esas dos no pueden faltar, en esos lugares de barra libre donde
el trago es malo y aunque no te deja ciego si te embriaga con dos o tres copas, y cuando se termina el tres
esquinas te sirven cuanta basura liquida encuentran, encontré unos ojitos que
de vez en cuando cruzaban mi mirada, debo confesar que soy demasiado tímido
para entablar una conversación y más con extraños. Tragos van, mezclas vienen,
la borrachera llega y en un momento estábamos bailando juntos y preguntándonos los
datos personales. ¿La verdad me creerían si digo que por ese momento entendí
por segunda vez lo que es el amor a primera vista? , pues en ese momento así lo
sentí, algo me llevo a su boca y un beso cerró una despedida temporal. Al igual que el primero después de un tiempo
el interés bajó y todo terminó como una bonita ilusión, ahora comprendo que tal
vez soy yo el que genera cierta desconfianza y no permite que las personas se
tomen el tiempo para conocerme mejor y llegar a tener una relación estable y
duradera. ¿Tendré que cambiar algo de mí? tal vez, pero aún no logro descifrar
que puede ser exactamente lo que genere falsas alarmas.
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